No soporto Silvio Berlusconi.
Si hay una cosa que he aprendido hasta este momento es que el destino tiene un sentido del humor que se podría definir particular, porque no es ni bueno ni malo. Una ley electoral que tenía como fín lo de permitir a Berlusconi de seguir gobernando se ha transformado en la “arma x” de Prodi y de la izquierda italiana.
Sí, porque, si se hubiese mantenido el sistema electoral precedente (mayoritario), el “Cavaliere” seguiría en la oficina de la Presidencia del Consejo. La reforma introdujo la posibilidad de ejercer el voto para los italianos al exterior, y esos fueron decisivos para la victoria de Prodi.
Naturalmente Berlusconi, ya algunos días de las elecciones, había empezado a llamar la atención con declaraciones donde pedía la intervención de la Onu en Italia porque la izquierda tenía un plan para hacer fraudes electorales. Afirmación que siguió sosteniendo después de las elecciones.
Lo admito: cuando tenía ocasión, en los últimos tres años, he intentado informar a las personas que ven en el telediario la única forma de información sobre los efectos de las leyes ad personam del Gobierno Berlusconi. He hecho lo que pude para obviar al impresionante control que el Cavaliere ejerce sobre los medios de comunicaciones.
Vale lo digo, me habéis pillado: no puedo soportar Silvio Berlusconi.
No puedo soportar a uno que dice ser el “Presidente Obrero” y luego, en dos años consigue el objetivo de doblar su patrimonio (de 5.9 miles de millones de $ a 12 mil millones de $, fuente Forbes USA, noviembre 2005) utilizando el Gobierno y el mandato de los electores como si fuesen agencias privadas de sus empresas.
No puedo soportarlo cuando habla de la participación de Italia a la guerra de invasión iraquí como una “misión de paz”, porqué luego yo no sé con que ojos mirar a Gino Strada y a todos los medicos de Emergency, ONG que está trabajando hace años en Iraq para curar a los miles y miles de niños mutilados por las “misiones de paz” o por las guerras que tienen como fin lo de llevar la democracia. No soporto a una persona que va a hacerse un lifting en Suiza mientras los militares italianos mueren en Iraq. No puedo soportar la idea que no haya echado en seguida a los 5 ministros de la Republica Italiana que durante un Congreso de la Lega Nord en Suiza cantaron “quemaremos el tricolor” (la bandera italiana) cuando debajo de aquella bandera estaba el cuerpo de Nicola Calipari, agente secreto matado por el fuego amigo americano, mientras hacía escudo con su cuerpo para proteger a Giuliana Sgrena, periodista italiana que fue prisionera de unos terroristas, porque su coche había superado los limites de velocidad.
Mi conciencia me impide soportar a una persona que habla de una Italia más rica cuando la subida económica del país ha sido del 0% (la fuente es la CIA, famosa organización comunista).
Odio a una persona que para resolver sus problemas con la justicia entra en política, y ataca a los jueces, los llamas “comunistas” cuando lo único que hacen es hacer respetar la ley y defender a la Constitución.
He hecho dos mil kilómetros para ejercer mi poder, el voto, con la intención de interrumpir el golpe a cámara lenta (como lo ha llamado un humorista satírico italiano) para interrumpir una situación grave debida a la voluntad de un premier que querría hacer de Italia de Italia una Republica Presidencial (claramente con el Presidente), someter el poder judicial al ejecutivo y hacer que la televisión privada fuese más fuerte de la publica, todos puntos del programa de la P2, sociedad secreta de la cual Berlusconi era miembro. Una sociedad masónica implicada en los episodios más trágicos de la historia de mi país.
Pero tampoco puedo decir que creo ciegamente en Prodi, desde el momento que yo he hecho mis dos mil kilómetros con una sola intención: hechar a Silvio Berlusconi.
Dejamos por un momentito toda esas cosas. Dejamos el Presidente del Consejo que dice a los electores de izquierda que son “coglioni”, y vamos a ver lo que fueron las elecciones políticas en Italia. Para mi fueron únicas, nunca vi unas elecciones así. Fueron distintas, porque se votaba de otra manera, porque la campaña electoral de los dos tenía como objetivo lo de difamar al adversario.
Estas han sido las elecciones de los exit pol fallados y de las fiestas en la calle interrumpidas porque “la Casa delle libertá está avanzando”, “nos han pillado”, “nos están pasando”. Estas eran las frases que toda Italia estuvo escuchando la noche de lunes 10 de abril.
Al final, después de las contestaciones de Berlusconi y sus compañeros relativas a las fraudes electorales de los “comunistas”, la Corte de Casación italiana proclamó Prodi ganador por meno de 25 mil votos.
La situación que se presenta ahora en mi opinión es bastante problemática, porque ni en la Camara de los Diputados ni en el Senado Prodi tiene una mayoría muy larga que le permita gobernar sin problemas.
Si solo uno de los partidos que forman la Unione decide de abandonar la coalición el Gobierno cae, y la izquierda italiana es conocida en todo el mundo para su gran división interna.
Espero que la experiencia de Prodi en la presidencia de la Comisión Europea pueda ayudarle a formar una izquierda unida y que sobretodo pueda hacer algo para la preocupante situación de Italia. Pero el sólo hecho de que Berlusconi se haya ido...
No, no me tranquiliza totalmente. La razón es muy simple: Silvio se rachaza de reconocer a Prodi como ganador de las elecciones, y su objetivo ahora es que caiga el Gobierno democráticamente elegido por los ciudadanos italianos. La nueva ley electoral no permite gobernar con tranquilidad frente a una Italia dividida.
Pero esta, en mi opinión, es la oportunidad de la izquierda italiana, la oportunidad que puede ser no se le presentará otra vez.
Espero solo que el nuevo Gobierno no pierda tiempo en hacer algunas cosas fundamentales como una ley contra el conflicto de intereses, para que se le impide a una persona como Berlusconi volver a ocupar una carga como la presidencia del Consejo, desarrollar las investigaciones académicas e invertir en la instrucciones, para que la gente sepa distinguir entre una ley para el interés publico y una ley ad personam, y que sobre todo la gente pida una información libre e imparcial distribuida por medios de comunicaciones igualmente libres e imparciales.
También Berlusconi a mi juicio ahora tiene una posibilidad: la de demostrar que es un político responsable, empezando a reconocer la victoria de Prodi. Si no lo quiere hacer, le queda siempre la posibilidad de disfrutar su casa en las Bahamas o su yacht en Sardegna, como un verdadero “presidente obrero”.

Escribe un comentario